Casi Casi (del libro Cosas de piel)

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CASI CASI (DEL LIBRO “COSAS DE PIEL”)

Todos tomaban muy lento sus jugos de naranja.
Eran 14.
Algunos balanceaban sus cuerpos sobre las sillas otros tenían la mirada doblada hacia abajo.
Uno de ellos tocaba su cabeza muy lentamente sin llegar a rascarse.
Una mujer hablaba sola porque su vecina de mesa no la escuchaba, la más joven tal vez de unos 65 años pagó la consumición.
En las mesas quedaron los vasos con restos del jugo y unas copas vacías de helados.
Yo estaba escuchando lo que una mujer hablaba.
—Mi hijo tiene mucho trabajo entre su oficina y sus hijos no tiene tiempo para nada. Es super trabajador y responsable. Yo lo crié sola. Ahora es un excelente profesional tiene 3 hijos, mis únicos nietos, no puedo verlos muy seguido pues están todos muy ocupados. Pero para mi último cumpleaños vino una florería y me trajo un hermoso ramo de parte de ellos. Sí, de parte de ellos. Son mi vida.
Terminó de decir esto y quiso acomodar su silla, pero no pudo, falló en el intento, el señor que estaba frente a ella seguía con la cabeza hacia abajo como si durmiera sentado.
De pronto su vecina de mesa reaccionó y le contestó:
—Sí, sí, sí, eeee… esoooo paaasaaa —su voz iba arrastrando las letras producto de algún calmante.
Miré por fuera de la ventana de la confitería, el día estaba hermoso, había unos 27 grados de temperatura. Una madre cruzaba la calle llevando a un pequeño en los brazos y otro de la mano.
Pasaba un automóvil con dos niños atrás y el padre manejando.
Claro eran padres jóvenes, estaban dando su tiempo y su vida para la crianza de sus hijos.
Vi como se iban los 14, apenas caminando, apenas muriendo, todo era a “penas”. Les costaba seguir, ya no tenían “porqués”, ya no les importaba los “comos”.
Llamé a la chica para que me cobrara el té con leche que había consumido.

—¿Quiénes son esas personas? Ví que te saludaban como si te conocieran —. Le pregunté intrigada aunque sabía la respuesta.

—Son de un geriátrico, les conozco los nombres a todos, los tienen dopados todo el día, para que no molesten, las familias no vienen nunca a verlos, los tiran allí y se olvidan que tuvieron una vida, que gracias a muchos de ellos crecieron y tuvieron oportunidades, es muy triste, los sacan a tomar el té, una vez por mes.

No pude contestar, le pagué y me quedé sentada sin pensar nada y pensando de todo. Estaban casi muertos, estaban casi vivos, el “casi” puede hacer y ser la diferencia, el mundo, las familias “casi” no están.
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